Una pregunta inocente


Hace unos días fui sorprendido por una de aquellas preguntas inocentes, que por su simplicidad son aterradoras. Hablando con un amigo de un conocido común, le comenté que trabajaba de consultor, ante lo cual me preguntó: “¿Qué es un consultor?”. Impactado por la simplicidad de la pregunta necesité varios segundos de reflexión para contestar. Mi respuesta fue….

Antes de pasar a mi respuesta, me gustaría ver cómo podemos diferenciar los distintos tipos de consultoría. Se trata de un mundo muy amplio y por tanto conviene separarlo. No hay una división predefinida pero a mi me gusta dividirla en 3 grandes áreas:

– Consultoría Estratégica: Orientada a ayudar a la empresa a definir y alcanzar sus objetivos actuales o bien definir nuevos objetivos. Se trata de un proceso complejo que puede implicar la redefinición de toda la empresa o bien de parte de su actividad.

– Consultoría de Organización o Procesos: Está enfocada a revisar las tareas que realiza actualmente la empresa, buscando soluciones para mejorar su funcionamiento. Normalmente busca optimizar costes o maximizar ingresos dentro de la actividad de negocio explotada por la empresa.

– Consultoría Técnica: A diferencia de las anteriores se limita a una área concreta de la empresa y tiene un carácter más especialista.

Todos los tipos de consultoría tienen algunos elementos en común. Me centro en los que considero más importantes:

– Formación: Todo consultor debe acumular conocimientos sobre el área de actuación en el que trabaje. Esta formación debe basarse en las mejores prácticas reconocidas. Muchas veces conlleva hacer uso de términos anglosajones que son los padres de la consultoría, pero siempre buscando su aplicabilidad a la empresa cliente. Sería un error que la actividad de consultoría se vinculase al uso de un lenguaje propio e ininteligible. Para ello ya tenemos jueces, abogados y mecánicos. Estimado lector, desconfíe de consultores que cada cinco palabras una es en inglés y no son capaces de explicar esos términos qué significan en su negocio.

– Metodología: La consultoría es una actividad reflexiva, por tanto, requiere de su tiempo y proceso de trabajo bien organizado. La metodología define todos los pasos adecuados para llegar a los resultados perseguidos. Sin metodología no dedicaremos el tiempo necesario a la reflexión, y por tanto, a buscar las soluciones más adecuadas a los retos que afronte el consultor. Apreciado lector, desconfíe de consultores que no preparan convenientemente cada una de las visitas con un temario previo, y que no tienen claros los siguientes pasos a efectuar en el proceso. Un consultor genera mucho papel cuya utilidad descubriremos normalmente después de finalizar el proceso.

– Experiencia: Un consultor debe ser alguien que atesore experiencia. En la vida no únicamente podemos aprender en la academia, hay muchos aspectos que sólo los aprendemos cuando los vivimos, especialmente en lo que hace referencia al trato de las personas, aspecto determinante en todo proceso de consultoría. Un factor clave en una empresa consultora es aplicar éxitos pasados a proyectos futuros. Atento lector, desconfíe de consultores que no acumulan decenas, y si puede ser centenares, de experiencias en empresas de su mismo sector de actividad.

Llegados a este punto, ya pueden anticipar cuál fue mi respuesta ante tal bienintencionada pregunta: “Un consultor es un profesional formado, que trabaja bajo una metodología concreta y que atesora experiencia en la actividad profesional de sus clientes”.

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Acerca de Xavier Fericle

Director General de Telematel. Licenciado en Económicas y Executive MBA por EAE, acumulo más de 12 años de experiencia en la mejora de los procesos de negocio e implantación de ERPs en Pymes.
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Una respuesta a Una pregunta inocente

  1. Interesante pregunta esta de ¿Qué es un consultor? Y mejor respuesta la que se refleja en este artículo. Pero me gustaría además añadir un punto que yo creo también indispensable: saber comunicar. Un consultor o un profesional del perfil que se detalla en este artículo debe además de tener las dotes suficientes de comunicación para desarrollar su trabajo y función. Dentro de estas dotes de comunicación la más importante: la escucha activa del cliente, quiero decir escuchar y no oír, que en un principio parecen desarrollar la misma función pero no son iguales.

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